Ser VIP debe de ser tremendo. Tener trato preferente en todos sitios. Que te reserven las mejores localidades. Que te ofrezcan los cócteles más distinguidos. Que te inviten a los locales más exclusivos. Que te pongan la alfombra roja en las tiendas.
Claro que para ser VIP no hace falta ser famoso. En ocasiones basta con tener una tarjeta de crédito Platino en la cartera.
Estas tarjetas Platino, habitualmente no aptas para el común de los mortales -salvo para los “agraciados” con esas rentas altas de las que tanto se habla últimamente- destacan, en primer lugar, por su alto límite de crédito, que suele oscilar entre 3.000 y 6.000 euros. Claro que semejante cantidad tiene que tener una contrapartida: las altas cuotas de mantenimiento anual (entre 60 y 90 euros).
Otras de sus características son:
Estas tarjetas Platino suponen un plus de exclusividad tan elevado que, en muchas ocasiones, ni siquiera puede solicitarlas el usuario: es el banco el que las ofrece directamente a sus clientes más solventes.