Parece fácil; vas al banco y les dices: “Quiero una tarjeta de crédito”. Y entonces van y se sacan un plastiquito de la manga… y voilà!, ya tienes tu tarjeta a mano.
Pero no: aunque los bancos están deseando vender, como cada vez tenemos menos dinero, no suelen arriesgarse a prestar a cualquiera sin garantías, y van a pedirte unos cuantos documentos para darte tu ansiada tarjeta.
¿Qué suelen solicitar? Primero y fundamental, documentos personales que acrediten tu identidad (vaya, el DNI) y que domicilies tu nómina en la entidad. Si pides más de 600 euros de crédito, pueden solicitar también la última Declaración de la Renta que has presentado.
También suelen indagar sobre tus antecedentes financieros, que revelarán si tienes por costumbre dejar deudas tras de ti. Incluso podrían llegar a pedir una certificación del patrimonio del solicitante, sobre todo en el caso de “tarjetas de alta gama”, en las que se exige que el usuario tenga unos ingresos mínimos anuales bastante superiores a la media.
Y ojito con quedarte en números rojos: los descubiertos llevan consigo comisiones de al menos 30 euros.
Vía Mejores Tarjetas de Crédito.