La crisis económica ha multiplicado la cifras mensuales de reclamaciones de usuarios insatisfechos por productos y servicios entregados o facilitados en condiciones muy diferentes a las contratadas. La necesidad de ajustar las economías familiares y personales a una realidad más extrema está llevando al usuario a ser más consciente de sus prioridades económicas y de la calidad de lo que recibe a cambio de sus pagos.
Dentro de esa lògica coyuntural, las tarjetas de crédito como un producto más del mercado, no escapa a la mirada atenta de unos clientes que ahora distinguen sus ventajas e inconvenientes con la lupa de un artesano.
Uno de los aspectos que no ha de descuidar un cliente que contrate una nueva tarjeta de crédito es el período de gracia que concede cada tarjeta para pagar el importe total de la factura sin llegar a generar ningún cargo extra.
Es deseable saber al detalle el cálculo del cargo financiero que aplicará la entidad al usar la tarjeta, ésto es, el importe que se paga por utilizar el crédito y que depende del saldo pendiente y del TAE.
Las entidades utilizan diferentes métodos para calcular el saldo pendiente. Dependiendo del modelo los cargos varian. El saldo pendiente puede calcularse sobre uno o dos ciclos de facturación, incluyendo o excluyendo del saldo las nuevas compras efectuadas y utilizando el saldo ajustado, el saldo diario promedio o el saldo anterior. Sobre todo, hay que conocer si la tarjeta tiene cargos financieros mínimos. Es importante.
También deberemos tener en cuenta, tanto las cuotas anuales, como las comisiones en caso de excedernos en el límite de crédito, las multas por retrasos en los pagos, los cargos en operaciones y transacciones. tantos problemas.
A la hora de solicitar anticipos, hay que prestar mucha atención a la tasa de interés que tienen. Además tendremos que fijarnos en el límite de crédito que tendremos, que vendrá delimitado en función del historial de crédito, aunque algunas tienen un máximo establecido.
Además, no hay que olvidar los incentivos y programas de recompensas que nos ofrecen las tarjetas por nuestras compras, así como a las coberturas adicionales de garantías, las descuentos en viajes, en el caso de algunas de ellas, o incluso los decuentos a la hora de alquilar vehículos.
Por último, y no por ello menos importante, hay que tener en cuenta la tasa de interés, que puede ser fija o variable. Las variables vinculan el TAE a un índice y suben o bajan según varíen las tasas de interés a corto plazo en la economía. Si por el contrario, se opta por una tarjeta con tasa fija, puede pensar que evita el riesgo de fluctuación, pero nada más lejos de la realidad, ya que la ley permite a los emisores de tarjetas cambiar las condicionaes de emisión con quince días de antelación. Ojo con eso.