La tarjeta, la de crédito o la débito, es uno de los objetos que ya a nadie se le ocurriría dejarse atrás en un viaje fuera de nuestras fronteras. Nadie se dejaría la maleta con ruedas, mudas de ropa suficientes o la documentación y tampoco el dinero de plástico, porque su uso se asocia con la seguridad, la técnica en los pagos y la que tiene que ver con la disponibilidad de fondos en las peores circunstancias, en los imprevistos.
Los imprevistos en los viajes al extranjero lejos de casa y de nuestras referencias resultan más complicados de manejar. Idioma, costumbres, entornos no familiares… Las tarjetas son, a veces, la tabla de salvación para unas vacaciones torcidas en otro país.
La tarjeta permite, por ejemplo, hacerse con productos y servicios sin tener que abonar recargos por su uso. Se dispone, además, de una reserva de dinero a la que se puede recurrir en caso necesario. Por añadidura, fuera de la zona euro se evita el pago de comisiones por cambio de moneda, en el caso de que se adquiera algo con dinero en efectivo.
También se puede sacar fondos en un cajero automático en el extranjero, incluyendo sólo los gastos previstos como comisión fuera del territorio nacional, eso sí, considerando que las tarjetas de crédito tiene dos comisiones en el extranjero, la propia de las extracciones de dinero por hacerlo en un cajero automático de una red distinta y la de obtener fondos inmediatos, precisamente a crédito.
Una desventaja de las tarjetas de crédito en los viajes es la posibilidad del robo del plástico, pero si lo miramos bien, en realidad siempre es más ventajoso llevarla que andar con euros, divisas o cheques de viaje, que resultan más vulnerables a la sustracción y más atractivos para los amantes de lo ajeno.
En España, las grandes empresas de las tarjetas de crédito y de débito, Visa y Mastercard, acaparan la mayor parte del mercado y licencian su marca a tres redes, que, a su vez, agrupan a todos los bancos y cajas de ahorros españoles, Son Servired, Euro 6000 y 4B. Estas redes administran las tarjetas y posteriormente cada entidad bancaria decide cómo las utiliza y cuánto quiere cobrar por ellas.
Tampoco hay que olvidar, en viajes en avión, la importancia de llevar la tarjeta de crédito con la que se efectuó la compra del billete. En caso de sobrepeso u otras incidencias, no nos dejarán abonar el dinero si no es con ésta tarjeta, con el perjuicio de no poder volar.